Desde los 4 años los niños pueden familiarizarse con los dispositivos electrónicos, pero los especialistas recomiendan que los niños no deberían utilizarlos antes de los 12 años.

Hasta los 4-6 años

Tablets: Aunque este tipo de dispositivos suelen utilizarse como herramientas para que el niño se entretenga –e incluso para que no moleste a los adultos–, los especialistas no recomiendan la exposición temprana a las nuevas tecnologías. En los primeros años de vida, el cerebro del niño comienza a entrenarse para dominar la concentración, y algunos juegos y dibujos interactivos ‘trabajan’ en sentido contrario.

Entre los 4-6 y los 12 años

Tablets y videojuegos: A partir de estas edades los menores comienzan a tener contacto con los dispositivos digitales, aunque siempre bajo supervisión adulta y sujeto a normas claras, tanto en cantidad (45 minutos al día debería ser el tiempo máximo que un niño debe estar expuesto a estas tecnologías) como en calidad (siempre que cumpla sus obligaciones en el colegio y en la casa). Ojo con los videojuegos, porque muchos de ellos tienen carácter ‘on-line’ y permiten la interacción con más jugadores, y por lo tanto el salto a otras redes sociales donde pueden establecerse contactos que escapan a los padres.

Redes sociales: El primer consejo para los padres es que estén al día e informados de las nuevas redes sociales, que a estas edades suelen utilizarse más como una herramienta lúdica y de divertimento más que como un recurso para relacionarse con terceros. En estos casos, el acompañamiento al menor podría incorporar la creación de perfiles ‘mixtos’ en la red social (el padre y el niño) para que el adulto comience a entrenar al niño para ser autónomo y responsable y para ver cómo se relaciona con los demás.

Entre los 12 y los 14 años

Teléfono móvil: Suele ser uno de los debates recurrentes entre los padres: ¿A qué edad es conveniente que un menor tenga su primer teléfono móvil? La opinión mayoritaria por parte de los especialistas sitúa este ‘salto’ entre los 12 y los 14 años, aunque es recomendable que antes de que el niño tenga un dispositivo propio haga un ‘entrenamiento’ previo en el teléfono móvil de los padres. Así se pueden supervisar los pasos del menor tanto en uso de aplicaciones como en el de las redes sociales, porque es un hecho que a partir de estas edades se impone el uso de la tecnología para comunicarse con sus iguales o realizar tareas escolares. En este momento, los padres tienen que estar atentos a que los contenidos que se comparten son los adecuados y, sobre todo, que el tiempo de exposición ‘on line’ nunca supere el ‘off line’ (que no esté más tiempo conectado que libre de tecnología).

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